taza de soles 

Al menos flores, al menos cantos. La poesía de Rubén Chávez Ruiz Esparza 

En estos tiempos, en los que esta pandemia nos ha agudizado la conciencia de la brevedad de la vida, nos podemos sentir más identificados con el pensamiento  de nuestros ancestros, los antiguos mexicas.  No para siempre en la tierra. Sólo un poco aquí”  ¿Qué hacer entonces?  ¿Cómo darle dignidad y valor a nuestra breve existencia?  “Al menos flores, al menos cantos”, responde el poeta. Flor y canto en la cultura náhuatl son la cifra del arte de la palabra: la poesía. Arte delicado y comprometido en el que se puede empeñar toda la vida. Es lo que nuestro coterráneo Rubén Chávez Ruiz Esparza (1967-)  nos hace palpable en su libro titulado “Diito 84.17”. El título, cuyo significado es “Lo dicho entre 1984 y 2017” refleja una vocación hacia la escritura ejercida con una constancia ejemplar. En el 84, el joven de 17 años inició sus publicaciones en la revista  “Imago” con unos  breves poemas que reflejan un trémulo acercamiento al lenguaje poético: “Labios/ que tiemblan al hablar./  Cada palabra  se nubla/ y se pierde/ en el silencio. Al respecto de lo que significó esta experiencia vale la pena escuchar al propio escritor, quien en una entrevista que le realiza Jorge Luis Heredia en 2017 relata cómo, siendo un estudiante del BACHUAA, recibió un impacto trascendente en su vida. Su maestro de literatura hispana no les dijo las características de los poetas, les mostró -con sus lecturas y con su propio ejemplo- lo que son los  poetas: “Salvador Gallardo Topete  nos dijo en su clase, traigo unos poemas que yo escribí y los escribí a la edad de ustedes. Nos impresionó a más no poder.  Es que nosotros pensábamos que quien escribía poemas tenía que llamarse Ramón López Velarde, alguien con cien libros. Entonces, se puede escribir poesía siendo un jovencito. Algo que se escribe a los dieciséis años puede llegar a un libro… Yo también quiero ser poeta”. [1] Y lo ha cumplido: Treinta y tres  años escribiendo poesía de manera continua  refrendan una decisión  que  ha ido desplegando a través de  una serie de  búsquedas formales y temáticas.  Espigo algunos ejemplos: “¡Pido mi paliacate para usarlo/, y uniforme de huelga para todos!  / Pero hoy solo marchan los relámpagos/ Se abre, apurado el reloj del cielo maquinista/ y por los que no han vuelto/ Aguascalientes derrama exequias de aguacero”.    De “Septiembre” [1995].

Declara Chávez Ruiz Esparza: “Este libro lo presento como un libro de estampas, como mi álbum fotográfico personal, como mi familia”. Una familia y una vida que va  reflejando el paso del tiempo en la ciudad y en sus habitantes: “El beso en los nudillos? Era eso. Y que poco de viaje y cuánto de espera este zaguán. Y decir. Y maldecir. La cansada esperanza de esta ciudad empeñada en ser la vida y la vía y la vid. ”De Casa redonda” [1998-02].  Aquí vale la pena detenerse a preguntar ¿Este libro es una Antología?  El propio autor manifiesta en el subtítulo que se trata de una “Selección de poemas, fragmentos y apuntes”, lo cual es muy interesante, porque pone en evidencia que el autor no discrimina entre sus textos e incluye algunos a los que modestamente califica como “fragmentos y apuntes”, pero que los lectores podemos percibir como escritura experimental o  apetito de ensayar nuevas formas y nuevas expresiones. “El niño que recién descubre sus talones. Sin mesa. Ni manteles. Ni un árbol que dé luces. Aunque le prendieran fuego.” De Mil ochocientos setenta metros sobre el nivel del mar”[2001-2003].

             Como dice el poeta, su libro es su mapa de ruta, su álbum de fotografías y de indicios. Si tomamos la etapa vital enmarcada en las cifras del título (que dicho sea de paso, es lo único que no me gusta de este libro, por su carácter poco atrayente a los lectores) de 1984 proceden sus primeros escritos y de 2017 los últimos poemas publicados en este hermoso libro de pasta dura, editado por el IMAC. De estos últimos, cito esta pequeña joya “_ Decidí ser lo que buenamente pudiera yo ser. Una llave bajo el tapete de la lengua. Otra ciudad a vuelta de página. Un pequeño doblez como un signo de “Aquí dejé mi lectura. Aquí te espero”. “De misa de difuntos” [2016-2017].  Y para cerrar esta breve reseña,  quiero citar las palabras con las que Rubén Chávez sintetiza su poética: “Cuando voy en busca del poema, busco que haya enfrente de mí, en la página o en la pantalla, algo que me diga quién soy y al mismo tiempo se despida de eso que soy”. ¡Enhorabuena, poeta!



[1]  Jorge  Luis Heredia, “Los poemas existen hasta que el lector  dice que son poemas”.  https://findesemanaags.blogspot.com/2017/10/los-poemas-existen-hasta-que-el-lector.html

 


Comentarios

Entradas populares